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La sal en nuestra vida

¿Te cuestionaste alguna vez esto, la sal que añado al cocinar los alimentos, es verdaderamente la culpable de mi hipertensión?

La sal en nuestra vida

La sal en nuestra vida

La sal común, o sal de mesa (cloruro sódico) tiene dos componentes importantes, el cloruro y el sodio. Tanto el cloruro como el sodio, son imprescindibles para la vida, son elementos esenciales que el cuerpo no puede producir y hay que aportárselos.

A pesar de que muchos pensamos que es el uso del salero lo que aporta el sodio a nuestra dieta, si nos ponemos a analizar cuánta sal añadimos a la comida cuando cocinamos, seguramente estará por debajo del consumo de sodio que nos aconsejan. Fíjate en los datos de estos estudios:

Cuando la Organización Mundial de la Salud aconseja, para personas adultas en general con una vida sana, un consumo de sal por día de 5 gramos, lo que equivale a 2 g. de sodio, un estudio sobre el consumo medio de sal de los españoles, realizado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) pone de manifiesto los siguientes datos:

  • Los españoles casi duplicamos la cantidad aconsejada por la OMS, consumimos 9,7 g. de sal por día, lo que significa que tomamos: un 87,5% más de sal al día.
  • Sólo el 20% de la sal que ingerimos al día, proviene de la que añadimos a los alimentos cuando los cocinamos.
  • El 7,5% está presente en los alimentos de forma natural.
  • El 72% de la sal que ingerimos al día proviene de los alimentos procesados, como son: el pan, los embutidos, el queso y los platos preparados. Esta sería el sodio oculto que tenemos que buscar en las etiquetas de los productos.

 

¿Cuándo consideramos que un alimento tiene mucha sal?

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) pone los números a esta pregunta:

  • Mucha sal: Cuando por cada 100 g de alimento se aporta más de 1,25 g. de sal.
  • Poca sal: Cuando por cada 100 g de alimento se aporta menos de 0,25 g. de sal.

Desde la SEEN aconsejan mirar siempre las etiquetas de todos los alimentos procesados que consumimos y fijarnos en la cantidad de sodio que contienen. Cuando la etiqueta de los alimentos envasados aparece con una referencia al contenido de sodio que existe en el producto, hay una fórmula sencilla para traducirlo a sal:

Gramos de sodio x 2,5 = Gramos de sal del producto.

Para que tengas una referencia, una cucharadita de sal de mesa equivale a unos 2,3g de sodio.

 

No todos los tipos de sal son iguales

  • Sal natural, sin procesar, la sal del mar y la sal del Himalaya:
    • 84% es cloruro de sodio, donde un 37% es sodio puro.
    • 16% son oligoelementos naturales como: silicio, fósforo y vanadio, entre otros.
  • Sal refinada de mesa:
    • 97,5 % es cloruro sódico, donde el 39% es sodio.
    • 2,5 % sustancias químicas artificiales para absorber la humedad y agentes de flujo, ferrocianuro y silicato de aluminio.

A la sal le ocurre lo mismo que a las grasas. Hablamos de grasas saludables necesarias para tener una buena salud y grasas poco saludables que causan problemas en nuestro organismo. Lo mismo pasa con la sal, la hay más y menos saludable, pero el sodio que contiene la sal es necesario para la vida.

Lo que verdaderamente nos tiene que interesar es cómo se produce esta sal. La sal natural es sal sin procesar y la sal de mesa, que de forma general es la que tomamos, está procesada. La mayoría de las personas obtenemos el sodio en nuestra dieta de la sal refinada que añaden todos los alimentos procesados, ya sean bebidas o sólidos, dulces o salados.

 

Historia de la sal

La sal se ha utilizado en el mundo a lo largo de la Historia. Antiguamente, antes de la invención de las neveras, se utilizaba para mantener los alimentos básicos y su consumo entonces era 10 veces mayor al de estos tiempos y la gente no tenía tensión alta, como sucede ahora.

En realidad este aumento descontrolado de la presión arterial empezó a principios del siglo XX. Ahora el consumo de sal en la dieta ha disminuido, pero han aumentado las enfermedades crónicas relacionadas con ella.

James DiNicolantino, Doctor en Farmacia, ha escrito un libro: “La solución de la sal: Por qué los expertos no han acertado y como comer una mayor cantidad podría salvar su vida”. En el busca de dónde puede provenir esta idea errónea sobre la sal, la defiende e intenta ponerla en su sitio.

La verdad es que el título choca cuando se lee, pone en cuestión lo que hasta ahora nos han repetido, a todos, los profesionales de la salud. En este libro señala que los estudios sobre el tema “sal” no se han efectuado correctamente y tienen errores. Parte de esta idea errónea parece que procede del estudio “Intersalt”, realizado en 52 poblaciones, del que se sacan conclusiones inexactas a la hora de computar sus resultados.

DiNicolantino, está de acuerdo en que, bajando el consumo de sal la tensión arterial disminuye, pero este no es el mejor indicador para predecir una enfermedad cardiaca. La proporción del colesterol total con el colesterol bueno (HDL) también disminuye al bajar el consumo de sal y no sólo esto, además aumentan los niveles de triglicéridos, estos si son indicadores fiables de enfermedad cardiovascular.

Un consumo de sal deficiente también aumenta las posibilidades de padecer resistencia a la insulina y aumentar el almacenamiento de grasas. El cuerpo cuando se ve privado de sal aumenta, para retenerla, los niveles de insulina, lo que ayuda a los riñones a retener la sal.

La sal también controla los niveles de magnesio y calcio. Cuando no obtenemos suficiente cantidad de sodio, nuestro cuerpo empieza a robarle a los huesos de sus almacenes no sólo sodio, sino también magnesio y calcio para lograr mantener un nivel normal. El magnesio es un mineral importante para realizar muchas de las funciones biológicas.

Un nivel adecuado de magnesio puede ayudarte con los impactos negativos que causan en tu organismo los campos electromagnéticos (EMFs).

 

En el equilibrio está la virtud

Tanto mucha sal, como poca sal, puede ser perjudicial. Pues no hay conclusiones científicas que avalen la afirmación de que: niveles altos de sodio son determinantes en niveles altos de tensión arterial y posibles problemas cardiacos. Más bien las últimas investigaciones nos llevan a pensar que: Los niveles elevados de sodio se relacionan con el riesgo de presión arterial alta, pero el potasio ayuda neutralizar los efectos del sodio.

Cuando tenemos la tensión alta, tenemos demasiado sodio en nuestro organismo y por ello nos retiran la sal de nuestra dieta, pero ¿qué ocurriría si en vez de reducir el sodio, aumentáramos el potasio?

Tu cuerpo necesita potasio para mantener un pH correcto en los fluidos corporales y es fundamental en la regulación de la tensión arterial. Una deficiencia de potasio puede ser la causa de hipertensión, ya que produce un desequilibrio electrolítico que puede acabar en hipopotasemia, es un nivel bajo de potasio en la sangre.

Pocas veces he oído decir toma un plátano a media mañana, o a media tarde, o come más lentejas, espinacas, almendras, champiñón o chocolate negro, todos estos alimentos tiene potasio. La mejor forma de obtener potasio es a través de la alimentación.

 

7 consejos, que resumen lo que acabamos de ver

  1. Agrega siempre a los alimentos sal natural, no procesada. Puede ser sal del Himalaya o sal Real Redmond. Ambas obtenidas de antiguos depósitos del océano.
  2. Hazte adicto a los alimentos enteros, naturales, producidos de una forma ecológica.
  3. Destierra de tu alimentación los alimentos procesados, los azúcares, los carbohidratos.
  4. Acaba con el sedentarismo y ponle movimiento a tu vida. Mejorará sin duda tu corazón y todas sus circunstancias saludables.
  5. Si ya haces mucho ejercicio, pon en tu agua una chispa de sal natural y bébelo. Dale a tus músculos, antes de que lo necesiten, la sal que pierden.
  6. Bebe siempre agua saludable. Me gusta el agua que nos proporciona la jarra Alkanatur, por eso la promuevo.
  7. Pon atención a tu proporción sodio/potasio, tiene una mayor correlación con la presión arteial que el consumo de sal.

No lo olvides nunca, un Informe Epigenético, te revela siempre las necesidades de tu comunidad de células. ¿No te intriga saber cómo está?