Blog

Porto

¿Es verdad lo que nos han contado sobre el colesterol?

¿Es verdad lo que nos han contado sobre el colesterol?

¿Es verdad lo que nos han contado sobre el colesterol?

Hoy te voy a contar la historia del colesterol, sus verdades y mentiras.

Las campañas “anti colesterol” que llevan a cabo los laboratorios farmacéuticos, se han encargado de meternos el miedo en el cuerpo, quieren vender sus fármacos y establecen sus propios niveles de colesterol que debe tener en el organismo una persona, claro está, pensando siempre en aumentar sus ventas.

Desde hace más de 30 años todos nuestros médicos, la publicidad televisiva, revistas, entrevistas… en fin, toda la información que recibimos, transmite el mismo consejo, “mantén a raya  tu colesterol”. Es difícil retroceder y decir a todo el mundo que durante este tiempo nos han engañado, que unos estudios falsificados e investigaciones manejadas por diversos intereses, han hecho que las empresas farmacéuticas acumularan grandes fortunas, no sólo a base de vaciar nuestros bolsillos, sino afectando gravemente nuestra salud, asegurándose de esta forma incrementar año tras año sus ventas.

Las estatinas, los medicamentos para mantener a raya el colesterol, son los fármacos que han generado los beneficios más elevados de todos los tiempos. ¿Entiendes por qué no pueden dar la voz de alarma y parar este desastre?, Conviene que todo vaya despacio.

Las estatinas interfieren en la mayoría de los procesos vitales para el organismo. Traen consigo un sinfín de efectos secundarios indeseables, que afectan a los músculos, al cerebro, al hígado, a la sexualidad, aumentan el riesgo de diabetes… ¿Por qué han escondido durante tanto tiempo los estudios e investigaciones que hacían patente esta realidad?

En 1769 Françoise Poulletier de la Salle identifica el colesterol en forma sólida en los cálculos de la vesícula biliar, pero a esta sustancia no se le puso nombre hasta 1.815, cuando el químico Michel Eugène Chevreul (fundador de la bioquímica), le llamó “colesterina” del griego Kolé, que significa “bilis”, y stereos, que significa “sólido”, vendría a significar algo así como, bilis sólida.

Casi a dos siglos del descubrimiento de este lípido esteroide, ya se conocían muchísimas cosas sobre él y sus confundidas formas de combatirlo, pero los intereses de los grandes laboratorios farmacéuticos, lo ha mantenido guardado celosamente, hasta que la obligación de publicar todos los estudios clínicos y reexaminarlos de nuevo lo han sacado a la luz.

El origen de este malentendido sobre el colesterol viene de mediados del siglo diecinueve, cuando el investigador Rudolf Virchow observa la presencia de colesterol en las paredes de las arterias afectadas de ateroma (placas que se forman en las arterias) y los estudios realizados por los rusos Anitschkow y Chalatow, que también investigaban la afección de las arterias, su inflamación y función de los glóbulos blancos, equivocadamente se atribuyeron estos descubrimientos a la presencia de colesterol.

A partir de 1948 se realiza un estudio a largo plazo sobre los factores de riesgo cardiovasculares, en una ciudad cercana a Harvard. Este estudio, que sigue abierto aún, deja claro algo que ningún otro estudio ha puesto en duda: la importancia de la hipertensión arterial en el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. También pone de manifiesto que la diabetes y el colesterol, son grandes factores de riesgo, pero destaca como factor clave de protección al colesterol HDL, lipoproteínas de alta densidad (colesterol bueno), apreciación importante que no se ha tenido nunca en cuenta.

Después de algunos ensayos hechos con derivados de pesticidas que bajaban el colesterol en ratones, en los primeros años de los setenta, unos investigadores japoneses que intentaban crear un nuevo antibiótico descubren por azar las estatinas. Su comercialización en los años ochenta acaba con cualquier medicamento utilizado anteriormente y está “fiebre” sigue afectándonos aún en nuestros días.

Autoridades sanitarias, cardiólogos y médicos han sido manipulados eficazmente por las industrias farmacéuticas, para que esta consigna de” mantener a raya el colesterol a base de recetar estatinas” no se pierda.

Hoy vamos a destapar aquí muchas de las falsas verdades que nos han contado.

El colesterol es una sustancia absolutamente necesaria para las membranas de las células, es precursor de hormonas, de la vitamina D y de los ácidos biliares.

El ser humano es una comunidad de células, cada una de ellas rodeada por su membrana celular y el colesterol es imprescindible para estas membranas, ya que les proporciona estabilidad, fluidez y es absolutamente necesario en las balsas de sus membranas, para servir de anclaje a las proteínas que se fijan a ella.

A partir del colesterol, el cuerpo fabrica el precursor de la vitamina D, vitamina del sol, que se activa en nuestro organismo al tomar el sol. Miles de estudios demuestran que la falta de vitamina D es un factor de riesgo de inflamación y de inmunidad, lo cual acarrea graves enfermedades cardiovasculares, alergias, diabetes, esclerosis e incluso cáncer.

A partir del colesterol producimos la coenzima Q10, poderoso antioxidante, una molécula vital que sirve para transportar los electrones en las mitocondrias, responsables de producir energía en forma ATP, adenosín trifosfato. Cuando más saludables estén las mitocondrias, más será la cantidad de energía que generen y por lo tanto menos riesgo de padecer enfermedades crónicas.

La mayor parte del colesterol se fabrica en el hígado, tan sólo un 20% proviene de los alimentos, los vegetales no contienen colesterol. Aproximadamente un 25% se encuentra en nuestro cerebro.

Estamos acostumbrados a hablar de colesterol malo (LDL, lipoproteínas de baja densidad) y colesterol bueno (HDL, lipoproteínas de alta densidad), pero en realidad no hay colesterol bueno y malo, ambos cumplen su función. Ocurre que cuando hay muchas lipoproteínas LDL y son muy pequeñas y densas, o bien están oxidadas, aunque los macrófagos, glóbulos blancos, se encargan de corregir esto, puede ocurrir que se depositen en las arterias previamente dañadas por procesos oxidativos e inflamatorios y formen placas de ateroma, aumentando así el riesgo de accidentes cerebro y cardio vasculares.

Cuando nos hacemos un análisis para ver cómo está nuestro colesterol, se consideran potencialmente dañinos los niveles altos de colesterol LDL y bajos de HDL. Por otra parte una relación Triglicéridos/HDL alta, indica que las lipoproteínas LDL son pequeñas y densas.

Los triglicéridos son las formas químicas en las que se encuentran las grasas que usamos para obtener energía en las mitocondrias. Nuestra grasa corporal en parte procede de las grasas de la dieta y otra parte de la síntesis del exceso de azúcares en el hígado. Cuando los niveles de triglicéridos en la sangre son altos y van asociados a bajos niveles de colesterol HDL, se considera que aumentan el riesgo de accidentes cardiovasculares.

¿Qué ocurre cuando disminuimos los niveles de colesterol?

Disminuye la cantidad de receptores de insulina, lo que favorece la intolerancia a la glucosa, la prediabetes y luego la diabetes. Estudios recientes muestran que las estatinas aumentan el riesgo de diabetes, que ya en sí es un factor de riesgo cardiovascular, pero también de inmunodepresión, envejecimiento acelerado e incluso de cáncer.

Reduce las capacidades intelectuales en todos los niveles: emisión, recepción y transmisión, ya que crean interferencias que hacen que los neurotransmisores del cerebro estén menos activos. Estas interferencias con los mecanismos fundamentales del funcionamiento de las células, no sólo afecta al cerebro, afectan a todas las células y, por lo tanto, a todos los órganos y todas las funciones del organismo.

Disminuir el colesterol puede alterar las funciones de las membranas celulares, en el transporte de nutrientes o en la comunicación entre los órganos.

Sólo cuando el colesterol se asocia con otros factores de riesgo, como son la inflamación, la contaminación, es cuando pueden producirse patologías cardiovasculares. Sobre estos otros factores de riesgo debemos actuar y no sobre el colesterol.

Las estatinas aportan unos beneficios bastante escasos a cambio de unos riesgos gigantes.

Está demostrada la escasa acción de las estatinas sobre el colesterol y que tomarlas implica exponerse a graves efectos secundarios que se manifiestan en: Fatiga, debilidad muscular, trastornos musculares, tendinitis, trastornos digestivos frecuentes, cefaleas y vértigo, insomnio, alteraciones de la memoria, visión borrosa, pérdida del gusto, erupciones cutáneas, aumento de las transaminasas (enzimas del hígado que indican inflamación), hepatitis raras, diabetes…

¿No crees que sea cruel tomar fármacos que afecten negativamente a nuestro estado de salud, para posteriormente hacer negocio con los medicamentos que nos recetarán para paliar aquello que conscientemente han provocado?

Los laboratorios farmacéuticos ya tienen preparado otro nuevo fármaco más potente para combatir el colesterol, pero aún se desconocen sus efectos secundarios.¿si no existiese otra solucción, te arriesgarías a tomarlo?

Existe una poderosa solucción natural, al alcance de todos

Muchos investigadores y científicos creen que de una forma natural ( estilo de vida y alimentación) se puede prevenir y actuar en nuestra salud y bienestar, humildemente yo pienso lo mismo, por esta razón ahora que ya conoces la primera parte de esta historia, no dejes de leer la segunda si quieres conocer medidas y consejos, para que de una forma natural consigas unos niveles óptimos de colesterol.

Siempre es mejor prevenir que curar.

informeepigenetico.com

 

Referencias

- Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar.

- Revista Cuerpo Mente, salud y bienestar natural.

- Michel de Lorgeril, cardiólogo e investigador CNRS. Autor de “Diga a su médico que el colesterol es inocente”, “Colesterol, embuste y propaganda” y “Prevenir los infartos y el accidente cerebral vascular”. Ediciones Thierry Souccar.